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¡VENDIÓ DOS VECES LA TORRE EIFFEL!

Carlos Resendiz Segovia

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Un estafador vendió, dos veces, el más célebre monumento de París

Si realmente nace un tonto cada minuto, por cada tonto parece existir un timador listo para hacerlo un poco más prudente…

¡VENDIÓ DOS VECES LA TORRE EIFFEL!

¡VENDIÓ DOS VECES LA TORRE EIFFEL!

Dos de los más extraordinarios estafadores de todos los tiempos han sido el conde Victor Lusting, un austriaco del ministerio de trabajo francés.

El otro es Daniel Collins, un simple ladrón americano de poca monta.

Juntos se las arreglaron para vender la Torre Eiffel. Y no una vez, sino dos veces para variar…

¡VENDIÓ DOS VECES LA TORRE EIFFEL!

ERAN UN PAR DE ASTUTOS

El conde emprendió la operación reservando una suite en un hotel de París, durante la primavera de 1925.

Invitó a cinco hombres de negocios para que se reunieran con él en ese lujoso lugar.

Cuando los invitados llegaron, el conde les hizo prometer que mantendrían el secreto sobre lo que hablasen.

¡VENDIÓ DOS VECES LA TORRE EIFFEL!

¡VENDIÓ DOS VECES LA TORRE EIFFEL!

Luego, les dijo que la Torre Eiffel estaba en serio peligro pues se estaba desbaratando y que debía ser derribada.

Les pidió que hiciesen ofertas por toda la chatarra contenida en el famoso monumento.

El conde justificó la reunión en un hotel y la necesidad de mantener el secreto costara lo que costara.

Él dijo que su ministro quería evitar toda clase de protestas públicas por la demolición de tan querido monumento.

¡VENDIÓ DOS VECES LA TORRE EIFFEL!

TODO PARECÍA LEGAL

Todos estuvieron de acuerdo y decidieron firmar un compromiso en el cual entregarían el dinero en efectivo en una maleta.

Durante una última reunión en la que el conde le presentó a su «secretario», Collins, todavía vieron la manera de sacar más dinero.

Los estafadores asestaron su golpe maestro: Les pidieron dinero para pagar sobornos que facilitarían los trámites por los canales oficiales.

¡VENDIÓ DOS VECES LA TORRE EIFFEL!

¡VENDIÓ DOS VECES LA TORRE EIFFEL!

Un tal Poisson les dio un fajo de billetes para el soborno, y al día siguiente les entregaron la maletya con el dinero.

El par de estafadores les dieron ‘las escrituras’ del monumento, el cual ‘pasaba a ser de ellos legalmente’.

En el término de 24 horas, Lusting y Collins estaban fuera del país, con el dinero en sus manos.

¡VENDIÓ DOS VECES LA TORRE EIFFEL!

LOGRARON HUIR CON EL DINERO

Permanecieron en el exterior el tiempo suficiente y vieron que no los denunciaron por haberlos defraudado.

Poisson estaba tan avergonzado por el engaño del que los habían hecho víctimas, que nunca informó de la estafa a la policía.

El conde y su socio regresaron a París y repitieron el timo y todo les salió perfecto.

¡VENDIÓ DOS VECES LA TORRE EIFFEL!

BUSCARON A SU SEGUNDA VÍCTIMA

Vendieron la Torre Eiffel otra vez, ahora a otro crédulo comerciante de chatarra.

Pero en esta oportunidad el hombre recurrió a la policía y los estafadores huyeron de puro milagro.

Nunca fueron atrapados por la justicia, y jamás revelaron con cuánto dinero se habían alzado.

La hazaña de Lusting bien puede haber estado inspirada por un escocés, Arthur Furguson.

NUNCA LOS ATRAPARON

En el año 1923, y en el término de dos meses, el escocés vendió tres monumentos londinenses a diversos turistas americanos.

El Palacio de Buckingham fue vendido por 2.000 libras —monto del depósito—; el Big Ben, por 1.000 libras, y la columna de Nelson por 6.000 libras.

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LA PIEDRA DE RIÑÓN QUE DESAPARECIÓ

Carlos Resendiz Segovia

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Los médicos especialistas de la Residencia Sanitaria del Valle de Hebrón, en Barcelona, habían descubierto un cálculo renal.

Esta piedra estaba en camino de taponar el uréter, en las radiografías tomadas a N. R., quien es un gitano…

LA PIEDRA DE RIÑÓN QUE DESAPARECIÓ

LA PIEDRA DE RIÑÓN QUE DESAPARECIÓ

La «piedra» era de considerable proporción y se preveía que su evacuación a través de los conductos urinarios era prácticamente imposible.

Los cólicos nefríticos atenazaban al gitano, y la única alternativa posible era la quirúrgica: operar el riñón derecho de NR. y extraer el temible cálculo.

LA PIEDRA DE RIÑÓN QUE DESAPARECIÓ

TUVIERON QUÉ OPERARLO

Así le fue notificado a N.R. y el hombre accedió al drástico pero muy necesario camino de la operación.

El dolor producido por el corpúsculo extraño era cada vez más intenso y, en consecuencia, insoportable.

Convinieron con el paciente en efectuar la operación al día siguiente.

Tendría que llegar en ayunas a la Residencia, a las ocho de la mañana, y pasaría al quirófano inmediatamente.

LA PIEDRA DE RIÑÓN QUE DESAPARECIÓ

LA PIEDRA DE RIÑÓN QUE DESAPARECIÓ

N. R. llegó puntualmente, acompañado de todo su clan, una muchedumbre gitana: hombres, mujeres e inclusive algún crío.

Dejaron a la solidaria multitud calé en una sala de espera contigua al quirófano, y N.R. entró en el recinto, sancta sanctorum de la cirugía.

Lo anestesiaron e iniciaron la  apertura… ¡Pero por más que buscaron el cálculo, no lo hallaron!

LA PIEDRA DE RIÑÓN QUE DESAPARECIÓ

NO LO PUDIERTON ENCONTRAR

Los estupefactos médicos no hallaban nada, por más que removieron al derecho y al revés la víscera.

Consultaban una y otra vez las radiografías que mostraban la incontrovertible presencia del intruso objeto.

¿Estaría alojado en el riñón izquierdo? ¿No habría la posibilidad —por otra parte remotísima— de haber confundido las radiografías?

¿O —aún mi lejana la probabilidad— de que las radiografías que examinaban una y otra vez no estuvieran invertidas?

LA PIEDRA DE RIÑÓN QUE DESAPARECIÓ

LA PIEDRA DE RIÑÓN QUE DESAPARECIÓ

Angustiados, no daban con la respuesta la lógica.

Pero no, no existía duda alguna: el cálculo estaba en el riñón derecho en el que no había ni asomo de corpúsculo ajeno.

Nuevos exámenes radiográficos, siguiendo milímetro a milímetro todo el trayecto urinario con el mismo resultado negativo: no había tal «piedra».

LA PIEDRA DE RIÑÓN QUE DESAPARECIÓ

Y JAMÁS APARECIÓ LA PIEDRA

Ya sólo quedaba resignarse, cerrar y coser.

Ya en la sala de recuperación, el paciente, el cirujano jefe salió a comunicar su estupefacción al clan gitano.

—Es algo inexplicable, señores, pero no hemos encontrado el cálculo renal.

El paciente está perfectamente bien, recuperándose en estos momentos. El jefe preguntó al médico:

—Qué es eso del cálculo?

—La piedra que tenía alojada en el riñón, rastreada en las radiografías. Pero no la hemos hallado.

LA PIEDRA DE RIÑÓN QUE DESAPARECIÓ

Y SACÓ EL CÁLCULO ENVUELTO

El gitano metió su mano en el pequeño bolsillo delantero del pantalón y sacó un diminuto envoltorio hecho con papel de fumar.

¡Ahí tenía bien guardadito y envuelto el cálculo! Entonces él preguntó:

—Será esto lo que buscaban?. El atónito médico respondió:

—Si, claro: esto es lo que tratábamos de encontrar?

—Pues lo orinó anoche.

LA PIEDRA DE RIÑÓN QUE DESAPARECIÓ

Y NO LES DIJO NADA A ELLOS

—Pero, ¿por qué no lo dijeron?

El jefe gitano, con una sonrisa picaresca, contestó.

De habérselo dicho, ya no lo hubiesen operado, ¿no es cierto?

UNA LÓGICA MUY ILÓGICA

Una una manifestación de desconfianza enraizada en la convicción de que lo menos que debe hacer el Seguro Social es operar a quien lo merece.

Una errónea interpretación humana, en resumidas cuentas, que hubiese podido entrañar grave peligro para N.R., mucho mayor que el de sus cólicos nefríticos…

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CUANDO EL CÁNCER LLEGÓ A TODAS LAS CASAS

Carlos Resendiz Segovia

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En abril de 1979 se produjo en la central nuclear de Harrisburg, Estados Unidos, una fuga de residuos radiactivos.

Este hecho fue de tal magnitud, que originó una pavorosa catástrofe…

CUANDO EL CÁNCER LLEGÓ A TODAS LAS CASAS

CUANDO EL CÁNCER LLEGÓ A TODAS LAS CASAS

Harrisburg,  es la ciudad capital del estado norteamericano de Pennsylvania.

Es un gran centro industrial en el que destaca, con robustos caracteres, la producción siderúrgica.

Era lógico que se escogiera aquel punto ávido de energía para instalar allí una de las centrales nucleares.

Ese lugar, a la sazón se calificaba como «la más segura del mundo».

CUANDO EL CÁNCER LLEGÓ A TODAS LAS CASAS

EL DESASTRE FUE NEGADO

La fuga de residuos radiactivos fue, sucesivamente y por vía oficial, en primer lugar negada de manera determinante.

Luego fue aceptada con reservas y, finalmente, atenuada, con el vivo deseo de quitarle importancia y evitar que cundiera la alarma.

El gobierno admitió que «a consecuencia de una ruptura del conducto de residuos, se había extendido una pequeña proporción de los mismos.

CUANDO EL CÁNCER LLEGÓ A TODAS LAS CASAS

CUANDO EL CÁNCER LLEGÓ A TODAS LAS CASAS

Pero aclaró que todo estaba ya bajo control, que solamente había ocasionado alrededor de treinta muertos.

Estos fallecimientos habían ocurrido entre los pobladores de las zonas inmediatas a la central nuclear».

Pero la realidad discrepaba totalmente del comunicado oficial.

El agua residual y radiactiva, tremendamente cancerígena, se había extendido por los campos.

El ganado bovino y caprino que pastaba por aquellos prados había ingerido el letal caldo.

CUANDO EL CÁNCER LLEGÓ A TODAS LAS CASAS

FUE UNA REACCIÓN EN CADENA

Y se había iniciado una terrible reacción en cadena: Las vacas daban leche que contenía residuos de uranio enriquecido.

Y la gente que la ingería firmaba, ignorándolo, su sentencia de muerte.

Cualquier producto vegetal o animal para el consumo humano se hallaba en idénticas condiciones.

Después, por simple contacto, cualquier cosa, cualquier objeto, podía ser vehículo transmisor.

CUANDO EL CÁNCER LLEGÓ A TODAS LAS CASAS

CUANDO EL CÁNCER LLEGÓ A TODAS LAS CASAS

A pesar de la cortina de humo oficial, hubo que evacuar la población entera de la vecina ciudad de Middleton.

Éstos, a grandes rasgos, fueron los hechos que conmovieron al mundo —cada vez más proclive a la adopción de la energía nuclear—.

Todo este desastre ocurrió en aquellos días de abril y mayo de 1979.

CUANDO EL CÁNCER LLEGÓ A TODAS LAS CASAS

DECLARARON CONJURADO EL PELIGRO

Los técnicos nucleares declararon conjurado el peligro, una vez reparado el conducto averiado que había originado la letal fuga.

Y dejaron que especialistas del mundo entero visitaran la central de Harrisburg y comprobaran cómo, la central nuclear era perfectamente inocua.

Un técnico catalán tuvo la oportunidad de examinar a fondo las instalaciones de Harrisburg.

CUANDO EL CÁNCER LLEGÓ A TODAS LAS CASAS

UN DESASTRE TOTAL

El físico Lloret dio detalles muy especializados en una rueda de prensa.

Él dijo que viviría donde fuera, menos cerca de una central nuclear, por segura que hubiese sido proclamada.

Ahora sabemos que la tragedia ocasionó la muerte de no menos de 300 personas.

Pero el relato de este trágico episodio no tendría sentido alguno si no revelamos el origen de la catástrofe.

FUE UNA FALLA HUMANA

Detrás de la cual, como ya es de suponer, había un fallo humano. Absurdo e incongruente, como todos ellos.

La central de Harrisburg cuenta con diecisiete aparatos que registran y miden la radiactividad y detectan la ambiental.

O sea, que detectan la radiactividad existente fuera de los núcleos energéticos.

Señalan un grado de emanaciones, indicado por una escala que lleva nombres de letras griegas.

UN ERROR IMPERDONABLE

La fuga de Harrisburg correspondía a la cifra «Beta», uno de los índices más críticos.

¿Por qué no se dispararon las señales de alarma? ¿Por qué ninguno de los diecisiete aparatos lanzó la trágica advertencia?

¡Los tenían cubiertos con unas fundas de plástico, para evitar que el polvo los dañara!

Pero tales fundas, a prueba de polvo, también lo eran a prueba de radiaciones mortales…

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JOHN FAYNOR EL PANADERO QUE INCENDIÓ LONDRES

Carlos Resendiz Segovia

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John Faynor ha pasado a la historia por ser el imprudente panadero que incendió Londres

Dejó un horno encendido e inició el Gran Incendio de 1666…  

JOHN FAYNOR EL PANADERO QUE INCENDIÓ LONDRES

JOHN FAYNOR EL PANADERO QUE INCENDIÓ LONDRES

John Farynor había conseguido una reputación y honores nada comunes para ser un humilde comerciante.

Era el panadero del rey Carlos II, recientemente reinstaurado en el trono después de su exilio en Francia.

Farynor había sido el panadero real durante cinco años, pero pronto cambiaría su vida para siempre.

JOHN FAYNOR EL PANADERO QUE INCENDIÓ LONDRES

ERA EL PANADERO DEL REY

En una tarde de 1666, después de un día largo y fatigoso, subió las escaleras hacia su dormitorio, en el piso superior de su panadería en Pudding Lane.

Farynor apagó la vela y se dispuso a dormir en paz. Necesitaba un merecido descanso.

Pero mientras tanto, en la panadería de abajo ardía aún una flama, una hasta el momento inocente lumbrita.

En un fortuito y desafortunado descuido, Farynor no había apagado bien sus hornos de pan.

JOHN FAYNOR EL PANADERO QUE INCENDIÓ LONDRES

JOHN FAYNOR EL PANADERO QUE INCENDIÓ LONDRES

La llama creció y a las dos de la mañana, del 2 de septiembre de 1666, el fuego en la panadería inició uno de los peores incendios de la historia.

Se produjo u8n voraz e incontenible infierno: El Gran Incendio de Londres.

Las chispas procedentes de la panadería de Farynor encendieron un montón de heno almacenado en el patio del Star un, que quedaba al lado.

JOHN FAYNOR EL PANADERO QUE INCENDIÓ LONDRES

LA CHISPA QUE PRODUJO EL FUEGO

Muy pronto las lenguas abrasantes se extendieron al techo, el cual se incendió.

Pudding Lane está en el centro de un área superpoblada del viejo Londres, y miles de vecinos salieron pronto a la calle para ver las llamas.

No estaban demasiado alarmados: Los incendios eran frecuentes en esta parte de la ciudad, donde las construcciones eran de yeso.

JOHN FAYNOR EL PANADERO QUE INCENDIÓ LONDRES

JOHN FAYNOR EL PANADERO QUE INCENDIÓ LONDRES

Pudding Lane era un vaciadero de desperdicios del cercano mercado de Eastcheap.

Allí no vivía ninguna persona distinguida, pero estaba cerca de la calle principal, que lleva al Puente de Londres.

Por lo tanto, a primera hora de la mañana, el Lord Mayor fue informado.

Cuando llegó al escenario del incendio, no parecía particularmente impresionado.

Samuel Pepys, que relata el suceso en su diario, no estaba más impresionado que el alcalde.

JOHN FAYNOR EL PANADERO QUE INCENDIÓ LONDRES

EL INCENDIO FUE FORTÍSIMO

Lo despertó su criada a las 3 de la mañana. Estaba en su casa, situada cerca de Tower Hill.

Escribió acerca del incendio: “Me levanté, me puse la bata y fui a la ventana.

“Pensé que el incendio debía ser muy lejos, detrás de Mark Lane, y entonces me fui otra vez a dormir”.

Pepys fue quien llevó al rey, las noticias del incendio, cuando fue a su despacho en Whitehall, poco antes de mediodía.

Sin embargo, pronto tuvo que desecharse la idea de que el fuego podía ser apagado pronto.

JOHN FAYNOR EL PANADERO QUE INCENDIÓ LONDRES

EL AVERNO ERA IMPRESIONANTE

El domingo por la tarde las llamas llegaban al río Támesis, a donde habían varias bodegas.

Una serie de depósitos llenos de madera, aceite, coñac y carbón, estallaron como bombas, uno tras otro.

El domingo hubo un momento en que las llamas pudieron haber sido sofocadas, pero los bomberos rompieron las cañerías.

JOHN FAYNOR EL PANADERO QUE INCENDIÓ LONDRES

TAMBIÉN COMETIERON ERRORES

Esto lo hicieron para llenar sus cubos más rápidamente, y así cortaron el suministro de agua a toda el área.

Para entonces, habían quedado destruidas 13.000 viviendas, se habían incendiado 87 iglesias y se habían chamuscado unos 300 acres.

Algunas chispas cruzaron hacia la orilla opuesta del Támesis e iniciaron pequeños incendios en Southwark. El Guildhall y el Royal Exchange.

LA CATEDRAL SE INCENDIÓ

El mayor incendio se produjo en la Catedral de St. Paul, donde el calor hizo estallar las piedras.

Las tumbas antiguas reventaron, y dejaron al descubierto los restos momificados.

El techo de la Catedral se fundió y el plomo derretido se deslizó por las calles adyacentes.

Es de destacar que sólo murieron ocho personas en el Gran Incendio de Londres.

La mayor parte de los ciudadanos tuvo tiempo suficiente para escapar.

CASI NO HUBO VÍCTIMAS

Hacia el miércoles por la noche, el fuego había sido controlado. Pero Londres continuó ardiendo y humeando lentamente en las semanas que siguieron.

Seis meses después, aún había sótanos en los que el fuego continuaba vivo.

Y TODO POR UNA CHISPITA

El error del panadero Farynor hizo que los vergonzosos barrios bajos del centro de Londres desaparecieron en una semana.

El fuego purificó los últimos vestigios del gran desastre londinense anterior, la Gran Plaga de 1665, que había producido 100.000 víctimas.

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